Cambiando al otro

¿Cuántas veces tras discutir con alguien has querido que cambiase de opinión?

¿Cuántas veces has juzgado al otro porque no opinaba cómo tú hacías?

¿Cuántas veces has interpretado porqué una persona actúa de un modo u otro?

Y en especial, ¿cuántas veces has esperado que otra persona cambie, es decir, que sea como tú quieres o te gustaría que fuese?

Cuando intento cambiar la opinión de la otra persona, cuando juzgo al otro, cuando interpreto su conducta, cuando busco un cambio… no respeto, sino invado.

Si ante este tipo de situaciones te sientes con rabia, enfado, frustración, etc es normal, no pasa nada, pero en este punto es importante tomar nuestra responsabilidad de las emociones y sentimientos, y no tirar balones fuera. Es decir, esa situación nos molesta, nosotros podemos comunicarnos, transmitir nuestra opinión, poner límites, pero jamás debemos intentar cambiar al otro.

Esa situación que nos duele nos transmite un mensaje, mediante la emoción. Debemos escuchar ese mensaje para trabajarlo y a partir de ahí buscar una solución. Sin acudir al cambio del otro, sino al cambio de nosotros mismos, de nuestras dinámicas y conductas.

Uno de los problemas más repetidos en consulta es la incesante insistencia de cambiar a la otra persona, ya sea una pareja, familiar o amigo. Esto es perjudicial para ambas partes. Puesto que la persona que quiere cambiar al otro, se queda estancado en ese deseo y no evoluciona, no avanza y esto produce sufrimiento y frustración.

Es relevante recordar que ante una situación, siempre nos encontraremos diversas interpretaciones, es decir, diferentes visiones de esa realidad. Porque dicha realidad no es objetiva sino subjetiva. Cada interpretación y significado va a estar guiado en función de nuestras creencias.

Os recomiendo que ante estas situaciones aceptéis que la otra persona es como es y que no puedo cambiarla. A continuación, adentraros en vuestras propias sensaciones y emociones, preguntarnos ¿qué es lo que el otro provoca en mí? ¿Por qué o para qué necesito que el otro me preste atención o sea de otro modo?… Esto nos permite asumir la responsabilidad de nuestras emociones y dejar a un lado las acusaciones, lo que permitirá que las relaciones mejoren. Además permitimos que el otro sea auténtico. Ofrecerme la oportunidad de detectar las emociones desagradables que se producen en mí es lo único que permitirá cambiarlas. El otro no puede cambiar nuestra forma de sentir y nosotros no podemos cambiar la forma de sentir del otro.

Recuerda, cuando algo me molesta del otro, casi siempre significa que en realidad me molesta de mí. Si yo no estoy en conflicto con ese aspecto, no me molesta que otro lo tenga. De manera que siempre mi pregunta es: ¿por qué me irrita esto del otro?, ¿qué tiene que ver conmigo?

En lugar de utilizar mi energía para cambiar al otro, utilizarla para observar qué hay en mí con respecto a ese momento, circunstancia, comportamiento o persona que me molesta y abre viejas heridas no reconocidas y sin resolver.

Compartir con:


1 Comentario
  • María Conde Martín
    Publicado en 22:35h, 15 septiembre Responder

    Gracias por tu artículo Natalia, me encanta!

Envía un comentario