Educando con respeto y cariño

Os presento mi nuevo artículo del periódico La Rioja sobre la educación y las rabietas.

Son las siete de la mañana, acaba de sonar el despertador, y solo pienso en la que viene ahora. María nunca quiere vestirse sola desde que nació su hermana Claudia. Me levanto, me ducho y ya está la pequeña diciéndome que quiere jugar, no entenderá que su madre necesita cinco minutos de tranquilidad. Salgo de la ducha, me visto rápidamente mientras tengo agarrada a mis piernas a la pequeña. Despierto a su hermana con cariño, pero da igual, no quiere levantarse. Finalmente lo consigo, la visto y desayunamos. Aquello parece una guerra, y mi marido acaba de irse a trabajar, ahora estoy sola ante el peligro. Intento llevar la mañana lo mejor posible pero llega la hora de irnos, me desespero y comienzo a gritar, las niñas montan una rabieta y solo se escuchan gritos desde la puerta de mi casa. Después de lidiar con ellas, consigo llevarlas al cole, al dejarlas mi culpa y la rabia son invasoras de todo mi cuerpo.

Este tipo de situaciones se repite a diario en muchas casas. Mamas y papas estresados con peques cargados de enfados y rabietas hacia sus progenitores. ¿Qué esta sucediendo? En la sociedad en la que vivimos el estrés es un factor que nos acompaña diariamente y con él perdemos características indispensable para una buena educación: paciencia, tolerancia, empatía y tranquilidad.

 

¿Por qué se repiten una y otra vez las situaciones de conflicto en los hogares?

Debido a los aspectos comentados anteriormente y a la falta de recursos en muchos ambientes familiares.

 

Ante una rabieta de un niño, ¿qué podemos hacer?

Antes de nada, es importante comprender que los niños no nacen con la capacidad de gestionar sus emociones, por lo tanto, la rabieta es su forma de expresar disconformidad o frustración ante una situación.

 

¿Cómo consigo parar las rabietas?

Para cambiar la conducta de un niño, el primer paso es analizar la conducta de los padres. El desarrollo y la conducta de los niños esta relacionada con su genética y ambiente. Los niños amplían muchos de sus aprendizajes mediante la observación e imitación. Este tipo de imitación es una forma muy primaria de aprendizaje y de desarrollo cerebral. Por lo que, la primera lección a tener en cuenta es promover conductas adecuadas y ofrecer buenos modelos para que el niño pueda imitar.

Lo más importante de la educación, además de la copia del patrón que tienen los niños en casa, es reforzar las conductas positivas. Cuando hay recompensa en la conducta del niño, éste segrega dopamina en su cerebro, y por lo tanto, sensación de satisfacción o recompensa. Las recompensas más eficaces son: pasar tiempo con nuestro hijo, darle responsabilidades o privilegios, reforzarle con lo bien que ha hecho algo, felicitarle o darle las gracias.

 

Primer paso: las emociones

El primer paso es enseñar a los niños a gestionar las emociones, para ello podemos trabajar con el ejercicio del semáforo:

  • Identificar la emoción (rojo): Primeramente debo analizar qué me sucede, qué emoción estoy viviendo. A partir de este momento analizar su mensaje, por ejemplo, si siento rabia, ésta me informa que alguien ha traspasado mis límites, o si siento frustración significará que tengo necesidades no atendidas u objetivos no alcanzados.
  • Buscar soluciones (ambar): Después de identificar la emoción y analizar su mensaje y el origen de dicho malestar, necesitaré valorar el repertorio de opciones y soluciones que tengo.
  • Tomar una opción (verde): A partir de ese momento actuar. Puede que no tenga ninguna de las opciones que me gustaría tener, pero es importante que aprende a aceptar.

 

¿Algún aspecto más a tener en cuenta?
Sí, además de la gestión de emociones es importante enseñar a los niños a parar y respirar. Los ejercicios de mindfulness para niños tienen un gran efecto positivo, puesto que les ayuda a tomar conciencia, parar, concentrarse y tener una mejor atención.

 

¿Cómo influye la conducta de los progenitores?

También es importante tener en cuenta que los pequeños normalmente copian la conducta de los padres como hemos comentado, por lo que no sirve de nada explicar a nuestro hijo cómo gestionar las emociones o cómo aprender a parar, si nosotros posteriori no lo hacemos.

 

¿Y a la hora de intervenir, cómo lo hago?

Hay tres preguntas básicas que debemos tener en nuestra mente cuando vayamos a dirigirnos a nuestro hijo:

  • ¿Por qué mi hijo ha actuado así? Es indispensable empatizar con el niño, saber qué ha sucedido para qué actúe de ese modo. Esta pregunta nos ayuda a entender el problema y de este modo podemos buscar una solución.
  • ¿Qué lección quiero enseñar en este momento? Párate antes de actuar, tu conducta será reflejo de su conducta en un futuro. Analiza qué vas a decir y cómo lo vas a hacer.
  • ¿Cuál es el mejor modo de enseñar esta lección? Cuestiónate cómo es la mejor versión de ti para transmitir ese mensaje a tu hijo en esta situación.

En el ámbito de la educación estas tres cuestiones servirán para tomar conciencia del tipo de estrategia que se utilizará para enseñar al niño.

 

Para finalizar, como decíamos al comienzo del artículo es importante en todo tipo de educación estas cuatro palabras: paciencia, tolerancia, empatía y tranquilidad.

 

Espero que os haya gustado, ¡Feliz fin de semana!

 

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1 Comentario
  • María del Mar
    Publicado en 17:05h, 13 julio Responder

    Muchas Gracias Natalia!

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